Lost in Translation (1/3)

Tal y como adelanté hace unas semanas, algunos egresados de la universidad acudieron al ciclo Lost in Translation para contarnos sus experiencias laborales. Los invitados de la primera sesión fueron Miriam Molinero, Diana Allué, Regina Gallizo y Eduardo Ibarra. Este es un pequeño resumen de lo que nos explicaron el viernes 19 de febrero:

«El mejor consejo que os puedo dar es no perder la curiosidad innata que nos caracteriza a todos los traductores»

La primera persona en intervenir en el ciclo Lost in Translation de este año es Miriam Molinero, quien se graduó en 2014 y actualmente está trabajando como gestora comercial de exportación. ¿Una traductora trabajando de gestora de comercio exterior? Sí, en la universidad tenemos dos itinerarios diferentes: Traducción e interpretación institucional y Comercio exterior. Ella cursó el de Comercio exterior e hizo su movilidad académica en Francia. Después de terminar el grado decidió que no quería estudiar ningún máster, sino trabajar y por eso se puso en contacto con la universidad para hacer prácticas extracurriculares, precisamente en la empresa donde está trabajando ahora, con contrato. Uno de sus consejos es que apostemos por hacer lo que queremos: si no se quiere hacer un máster no pasa nada.

«Ponedle ilusión a lo que hagáis, es la clave del éxito»

La segunda egresada en participar es Diana Allué, de la primera promoción. Ella también cursó el itinerario de Comercio exterior. Le apasionó tanto este ámbito que se decidió a hacer el Máster de la Universidad de Zaragoza en Gestión internacional y comercio exterior. Los responsables del máster le ofrecieron hacer unas prácticas remuneradas en Aragón Exterior mientras estudiaba. Allí trabajó como analista de comercio exterior, donde trataba con sectores como el de las nuevas tecnologías, los cosméticos, el textil y la educación. Una de las empresas con las que colaboraba Aragón Exterior era Simildiet, donde está trabajando Diana ahora. «Me enamoré de la empresa y les envié mi currículum como 3 o 4 veces. Al final me llamaron por pesada, seguro». Está en el departamento de exportaciones, donde, entre otras cosas, se ocupa del márquetin digital y de las redes sociales, de la organización y coordinación de eventos, de traducir documentos a la vista para el auditor de la empresa (ya que es francés), de interpretar en inglés, de preparar los talleres que se llevan a cabo cada 2-3 meses, de redactar los documentos pertinentes para que la mercancía pueda viajar…Sus clientes pertenecen en su gran mayoría a Medio Oriente. Nos aconseja que seamos versátiles y flexibles en las tareas que nos encomienden.

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«Hay que esforzarse y tener actitud»

Regina Gallizo, al igual que Diana, se graduó en la primera promoción, cursó el itinerario de Comercio exterior y estudió el Máster en Gestión internacional y comercio exterior. Comenzó trabajando en el departamento de atención al cliente, donde atendía llamadas a nivel nacional e internacional. Ahora trabaja en el departamento de administración comercial, en la sección de exportaciones. Se encarga de gestionar los pedidos desde que llegan al país hasta que los obtiene el cliente. Gestiona sobre todo pedidos de América, Asia, África y Oriente Medio. Más adelante se decidió a cursar también un Máster MBA en la Universidad San Jorge. Destaca la cantidad de salidas profesionales que tiene nuestra carrera dado que, aunque ella estudió Traducción, está trabajando en el área administrativa de las exportaciones de una empresa. Comenta también que al principio los profesores del Máster de Gestión internacional se mostraron preocupados por si, al haber estudiado Traducción, tanto ella como Diana, que cursaron juntas el Máster, no podrían seguir el ritmo de las clases, pero recalca que no tuvieron ningún problema porque tenían el nivel suficiente para cursarlo.

«Yo no me creía lo del choque cultural hasta que llegué a Corea…fue brutal»

Eduardo Ibarra se graduó el año pasado, en 2015. Ahora mismo está trabajando como docente de español como lengua extranjera en Daegu (Corea del Sur). Asegura que allí no hay muchos europeos aunque la demanda, sobre todo en cuanto a la docencia, es muy grande. Nos cuenta con orgullo que cuando empezó a dar las clases tenía 6 alumnos y que ahora ya son 28. «Es gratificante ver cómo les interesa nuestra cultura. La mayoría de mis alumnos estudian filología hispánica». Nos advierte que fue muy duro, especialmente al principio. Todo era muy diferente y no hablaba coreano, a pesar de que en poco más de 6 meses ha alcanzado el nivel B1.

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¡A ver qué aprendemos la semana que viene!

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