¿Un libro blanco?

Un libro blanco es un documento que tiene cierta autoridad y que ayuda a los lectores a afrontar o tratar problemas y plantea soluciones. Puede ser tanto gubernamental como institucional. Está el Libro Blanco sobre la Profesión Docente, el Libro Blanco de la Medicina Estética,.. y sí, hay un libro blanco sobre la traducción. No solo uno, sino dos.

El Libro Blanco de la traducción editorial en España lleva el sello del Ministerio de Cultura, de ACE Traductores, de Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos) y del Observatorio de la Lectura y el Libro. En él se describe la situación del traductor y de la traducción editorial en España a través de una serie de entrevistas a traductores. También se actualizan los datos de investigaciones anteriores. Con este tipo de iniciativas se busca promulgar unas tarifas equitativas para que los traductores puedan vivir de su profesión, universalizar los contratos y fomentar la transparencia.

Lo primero que demuestra el estudio es que la traducción editorial es una profesión de baja valoración social. En el caso de la editorial, pueden llegar a percibirse sueldos de un perfil no cualificado, cuando una amplia mayoría de los encuestados tiene un grado universitario, un 28,2 % tiene un máster y un 22,1 un doctorado.  No obstante, un 62,5 % de ellos no se dedican en exclusiva a la traducción literaria, sino que se dedican a otras cosas, en su mayoría, a la docencia no universitaria. La mayoría de ellos tiene un contrato esporádico, y el 27,2 % de ellos han trabajado sin contrato alguna vez. A pesar de que la Ley de Propiedad Intelectual estipula que el editor debe someter al traductor los cambios que propone el corrector, esta no siempre se respeta, según la encuesta. Además, un 54,7 % de los traductores ha tenido algún problema con la editorial y, lo más alarmante, se cobra una media de 0,036 céntimos por palabra.

El Libro Blanco de la traducción institucional en España fue elaborado por la Red de Intérpretes y Traductores de la Administración Pública (RITAP) con la colaboración de la Federación Española de Intérpretes de Lengua de Signos y Guías-Intérpretes (FILSE),  y ASETRAD (Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes).

Su objetivo era realizar una radiografía de las condiciones en las que trabajan los traductores e intérpretes en la Administración española y formular propuestas para una posible reforma. Así, de nuevo gracias a un cuestionario, se obtuvo una panorámica de las condiciones de trabajo de los traductores e intérpretes de nuestro sector público. También permite saber quiénes son, qué estudios tienen y cómo accedieron a su puesto.

Las condiciones de trabajo y requerimientos varían entre un ministerio y otro. Los que trabajan para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación parecen traducir mayor variedad y cantidad de documentos, puesto que reciben encargos de otros sectores, y también son los que disfrutan de unas mejores condiciones de trabajo. Llama mucho la atención que en algunos ministerios no puedan trabajar con conexión a internet o que no tengan ordenador propio. Al igual que los traductores audiovisuales, tienen una licenciatura o grado universitario. Acceden al puesto, en general, por concurso-oposición o por oposición.

Desgraciadamente, ambos libros blancos llegan a la conclusión de que aún queda mucho que hacer para conseguir unas condiciones de trabajo dignas y para lograr que la profesión tenga el reconocimiento que se merece.

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